The Northman: El Juego de tronos shakespeariano
- Carlos Trane Jordison
- 30 abr 2022
- 2 min de lectura
The Northman es la nueva propuesta del director Robert Eggers, que, junto a Ari Aster, se han convertido en el símbolo de un halo casi místico para el cine actual y una obra tan esperada llena de tanta expectación que muchas veces las personas colocan sus obras en un altar. Para su tercera película, el director unifica y potencia las virtudes y defectos de las dos anteriores, absorbiendo la imaginería fantasmal de La bruja (2015) combinada con el surrealismo alucinógeno de El faro (2019). El resultado es un drama histórico sobrecogedor, con una estética dramática shakesperiana sobre una trágica historia de venganza.

La historia nos sitúa en Islandia, a mediados del siglo X, donde un príncipe nórdico buscará vengarse a toda costa por la muerte de su padre, narrativa interpretada por un elenco espectacular conformado por Alexander Skarsgård, Nicole Kidman, Anya Taylor-Joy, Willem Dafoe, Ethan Hawke, Björk, Claes Bang y Ralph Ineson.
No cabe duda de que el guión de "El hombre del norte", escrito por Robert Eggers con el polifacético artista Sjón, está muy influido por el cine clásico con espíritu aventurero como Conan el bárbaro (John Milius, 1982) o Espartaco (Stanley Kubrick, 1960). Sin embargo, esta simple e incluso directa historia de venganza contiene pocas sorpresas en la trama envueltas en el inquietante manto brutal de las imágenes audiovisuales absolutamente sorprendentes en las que el director despliega un conjunto de ideas paisajísticas que convierten la visualización de películas en una experiencia sensorial total.

La coreografía mítica pasa ante nuestros ojos aullando como un lobo hambriento en medio de hechizos de brujería, rituales ancestrales y batallas sangrientas. Es difícil resistirse a un espectáculo lleno de energía y fuerza que nos sumerge en el éxtasis de descansar en los pastizales y comer la locura proporcionada por los hongos alucinógenos. La violencia golpea la pantalla con varias decapitaciones o mutilaciones, pero Eggers es un maestro en la creación de una atmósfera de crueldad de la que no se puede escapar, sin importar qué tan poco saludable resulte ser la pornografía a cierto nivel. Para ello, vuelve a contar con el fotógrafo de sus trabajos anteriores, Jarin Blaschke, que sabe gestionar a la perfección las sombras latentes que asolan cada fotograma, escenario, en los momentos, en determinados momentos, el sueño se escapa durante la puesta en escena de los rituales mágicos a través de los cuales emerge la mayor parte del surrealismo de vanguardia. Configurar el sonido aquí es tan importante como la imagen o el uso de la cámara. La música y los sonidos se unen en una melodía pegadiza, a veces torpe o perturbadora, que robará tus pensamientos y te llevará al borde de la paranoia.














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